domingo, 11 de octubre de 2009

Y un mal día te levantas con ganas de mandar al mundo al CARAJO. Si al fin y al cabo cada uno a su cuestión, mejor poner piloto automático y echarse una siesta de indignación metiendo a todos en la misma bolsa. Al que te trato mal. Al pequeño gesto que esperabas y no fue, no será, no lo esperes más. A la sangre que te tira, y te tira por la cabeza. Al jefe que te va a minimizar cada vez más, como si hiciera falta, como si ya no te sacara bastante. Al que te roba una ilusión, ese pobre verdugo al que le toco mostrarte ese lado de la vida, y sigue la suya igual, tan igual. Al que se cree mejor, tan vacío. Al que no da un poco más, como si se le fueran a agotar los recursos. Y a tantos mas, meterlos en la bolsa, cerrarla y a la basura.
Pero no lo haces. De donde sale esa necesidad de actuar correctamente, en un mundo sin autocrítica que no tiene nada que ofrecer, y no hablo de más o menos beneficios, sino de la certeza de saber que no da lo mismo una cosa que la otra. Que no hay porque avergonzarse de lo ingenuo, de los miedos, de la soledad. De lo que necesitas gritar y callas porque hoy el mundo se levanto con la moral bien puesta, y seguro te va a mirar extrañado y piadoso, porque solo vera en vos un pobre infeliz que tiene un mal día. Y nunca vera que en el fondo solo buscas algo verdadero, que en medio de todo esto te aferras a lo bueno, para reflexionar, para inventarte una moral que entienda que es básico no cagarse en el otro. Y que es la única forma de llegar a encontrar algo no tan podrido, mas profundo, que es lo que te aferra a la vida y te permite perdonar y seguir sonriendo, tratar de mejorar, para construirnos algo un poco mejor.

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